Todos quieren ser televisión y la televisión sólo es una

Por: Sadi Contreras Fuset

Los contenidos en el mundo están dando un remezón radical en sus maneras de consumo, desestabilizando las regulaciones existentes y brincando con pasos de gigante por las nubes que permiten el uso del servicio de televisión, llámese video gratuito en Internet, VoD OTT (video sobre demanda), IPTV, streaming, TV por suscripción o TV abierta.

Ya no es la plataforma la que determina el servicio (Internet, espectro o cable); son los tipos de contenidos los que marcan la transformación del mercado, sin dejar de ser todos ellos “televisión”. Recordemos que etimológicamente la palabra “televisión” es un híbrido de la voz griega ???? (tele, “lejos”) y la latina visionem (acusativo de visio “visión”). El término “televisión” se refiere a todos los aspectos de transmisión y programación de video y audio.

Esta claridad conceptual, aunque pareciese “cliché”, se constituye en el soporte fundamental para entender los grandes cambios en la materia y la adaptación que la sociedad debe asumir frente a ellos con el fin de garantizar los órdenes constitucionales y legales, de cara a las variantes que plantea la tecnología con relación al acceso, uso y disfrute del servicio de televisión definido en el párrafo anterior.

Cuando aparecen nuevas plataformas como Netflix, Amazon, YouTube, entre otras, que ofrecen señales de contenidos por Internet, algunos gratuitos, por suscripción, bajo demanda o mixtos, también aparece el marketing negro que trata de convertir el servicio de televisión como servicio, en competencia de la nueva plataforma de transporte de señal y contenidos.

La “televisión” es un servicio público del cual forman parte las diferentes plataformas de transporte de señal y contenidos que deben competir entre ellas para la explotación del mercado, y deben ser reguladas como servicio por cada Estado para prevenir el abuso de la posición dominante, garantizar la libre competencia, el fortalecimiento de los valores culturales y la identidad nacional.

La televisión es una sola y todos aquellos agentes que lucren con ella deben estar cobijados por una reglamentación clara y equitativa en cada país. Hace algunos años lo importante para la prestación del servicio era poder estar en una plataforma (espectro, cable o satélite); hoy, con el desarrollo de Internet como plataforma, los contenidos han pasado a ser el centro de atracción, el acceso a ellos y la forma de uso, elementos claves para el replanteamiento de los modelos de negocio que deben ofrecer las empresas vinculadas al cable, satélite, IPTV, Internet OTT o TV abierta.

Sorprende que, a diferencia de países centroeuropeos, los grandes canales de TV, reguladores y otros agentes públicos y privados implicados en el mundo audiovisual, no estén jugando a fondo en favor de la popularización de la HbbTV (Hybrid Broadcast Broadband TV), la plataforma híbrida que combina señal de antena y de Internet, ofreciendo un terreno de juego neutro en la pantalla que favorece los canales televisivos por delante de otras ofertas de la TV conectada.

La propuesta lógica no radica en que los Estados prohíban o bloqueen la prestación de los nuevos servicios transportados por la plataforma de Internet, al contrario, deben garantizar el acceso, uso y disfrute a sus ciudadanos para que de manera libre escojan por cuál de ellos desean recibir los contenidos ofrecidos.

Pero sí es necesario establecer de manera rápida una regulación que defina la retribución al Estado por la explotación de los mercados en equidad, una defensa de la identidad nacional y regional, una protección y fortalecimiento a la producción de contenidos, y un evidente blindaje a los derechos de los usuarios del servicio de televisión.

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